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1. ¿Qué une a un grupo de tuiteros de izquierda, de poco nivel intelectual pero de mucho entusiasmo, con un congresista de un partido de derecha?

El congresista piensa que estos tuiteros de izquierda constituyen “la opinión pública” y entonces, se rinde a sus pies y claudica a sus valores, en una supuesta actitud de diálogo (la llama así para no quedar como un payaso). Entra en el juego de este pequeño grupo de tuiteros, muy pequeño por cierto, y empieza a hablar su lenguaje, los “sigue”, los escucha, escribe con ellos, tiene cuidado de no ofenderlos, ya no opina ni se pronuncia sobre temas que en su casa son claros y transparentes (aborto, eutanasia, gays, feminismo) pero que frente a este pequeño grupo de sabuesos podría ser un tema sumamente álgido sobre el que no debe disentir. Y el grupo de tuiteros sonríe y le observa desde arriba, dejando que pierda su dignidad, se sume a su causa con los ojos cerrados, temeroso, débil. ¿Y a qué causa? A una causa amorfa, sin nombre, que explicaremos líneas más abajo.

2. ¿Qué une a una líder socialista tradicional, sincera y de cuna, y a sus discípulos, con una líder conservadora de derecha? ¿Qué une, en otras palabras, a Susana y Lourdes?

El instinto de supervivencia. La inseguridad existencial. Susana, sin nada de contenido, sin capacidad de gerencia, sin capacidad política, sin fondo, sin forma, resucitó y se salvó gracias a dos cosas: una campaña publicitaria decente frente a una pésima campaña opositora; y, vinculado a lo primero, un creciente temor del limeño ante el posible escenario de desgobierno si caía. En este sentido, Villarán se estaba jugando la cabeza. Hoy sigue siendo la misma persona, sin capacidades y sin fondo, pero con algo que no tiene precio: tiempo. Tiene tiempo para sobrevivir, curar las heridas, “reinventarse” como dicen los amigos tuiteros de izquierda, y volver a mamar de la teta del Poder en algún otro cargo público, haciendo favores, sembrando sus futuras mamaderas.

Lourdes, cabeza de un partido histórico pero pequeño, débil, agonizante, representado por una vela que está a punto de apagarse en pleno medio día, también necesitaba sobrevivir. Entonces, ¿quién sino una líder de derecha podía hacer que una líder comunista se vuelva confiable? ¿Quién sino una líder de derecha puede hacer que se le pierda el miedo a una izquierdista que se juntó con cuasi-terroristas del SUTEP, y pequeños partidos que si pudieran tomarían las armas? Está claro que Lourdes sabía el maquillaje que le estaba dando a Susana y sus amigos. El maquillaje que le dio al No fue un éxito. Hoy, el PPC y Lourdes viven, aparecen en la tele, son parte del “mercado político” nuevamente. Ellos también tienen más tiempo.

3. ¿Qué une a periodistas, actores, actrices, jóvenes o no tan jóvenes, de teatro o de televisión, con un grupo de tuiteros de izquierda, un congresista “de derecha”, una líder socialista tradicional y una líder conservadora de derecha?

Muy fácil, al final todos quieren su conveniencia. Quieren defender una filosofía del “yo-hago-lo-que-quiero-porque-soy-libre”. Todos tienen una agenda que busca poder, tener, o placer. Los actores quieren figurar, ser parte de una moda. Su vida es una moda. “Son” una moda, son algo que vuela, llega y se va como una pluma, sin peso ni densidad. Se la pasan ganando aprobación, valoración, aplausos y de juerga en juerga los fines de semana. Ahora, además, resulta que saben de política. Increíble.

Muchos de estos actores, liberales y libertinos, acostumbrados a defender la mencionada filosofía del “yo-hago-lo-que-quiero-porque-soy-libre”, tenderán naturalmente a juntarse con una izquierda que en el Perú se plantea como la representante de una cultura libertina, que promueve el lobby gay, el sexo desvinculado del matrimonio y el compromiso, la agenda feminista y abortista; una izquierda que quisiera arrinconar a católicos, conservadores, y a políticos o líderes de derecha, haciéndoles creer que por solo “decir” que son católicos o de derecha, deberían ser condenados por crímenes de odio, se convierten en algo malo per se, en algo vergonzoso, innombrable, e inadmisible.

Y lo están logrando, ya nadie podría decir con libertad que es católico o de derecha. Ahora hay que decir que eres de “centro”. Todos estos “liberales de izquierda”, unidos, defienden una cultura aparentemente democrática pero intolerante con aquellos que no piensan como ellos, que avasalla a los débiles, y los desaparece en su masa de jóvenes sin pensamiento propio, con dos o tres clichés mal armados, que se basan en ideas preconcebidas sin sustento histórico ni científico.

favreY lo están logrando. Ésta es la nueva elite intelectual peruana, ligera, sin profundidad, pero muy militante, activista, entusiasta, escudada en una jauría de tuiteros alienada (porque mira a sus pares españoles, argentinos, mexicanos, o de cualquier parte y que hoy se suicidan, envejecen y se endeudan), gente con dinero, actores, actrices, periodistas influyentes, diarios de segunda categoría, que tienen como profetas y gurús a Luis Favre, Rosa María Palacios, Marco Sifuentes, Renato Cisneros, Augusto Alvarez Rodrich, José Alejandro Godoy, Fernando Tuesta, La Mula, El Utero de Marita, Pedro Salinas, y unos cuantos más, que no han cambiado ninguna corriente del pensamiento, no han escrito ningún tratado trascendental, no le han ganado a nadie, pero se “banquetean” con el pobrísimo nivel de pensamiento peruano.

¿Qué une a todos estos amelcochados personajes? La mediocridad de defender sus propios intereses burgueses y hedonistas, que buscan placer, poder y tener a toda costa.

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